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Una ciudad en el tiempo

Una ciudad en el tiempo

Permanente

Sobre la exposición

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Cinco salas, cinco experiencias

No hace falta que seas un aficionado a la historia, la arquitectura, la arqueología ni a esas disciplinas que no dicen gran cosa a la mayoría de la gente. Eso no significa que estas materias no puedan ofrecer algo interesante que sea bueno conocer. Además, en el Museo de Praga añadimos un poco de tecnología, originalidad y perspectiva. En serio, un museo no tiene por qué ser aburrido..., aunque así se diga.

Sala 1. Espero que no sufras de vértigo. No, tranquilo. De verdad. En la primera sala entrarás en la visión subjetiva de los pájaros que sobrevolaban Praga en el siglo XIX. Durante el vuelo echarás un vistazo al Puente de Carlos y te acercarás al reloj astronómico. Y si prestas un poco de atención, notarás que Praga era bastante distinta entonces de la que conoces hoy en Google Maps.

Sala 2. Cuadros vivientes. ¿Qué es esto? Exactamente lo que dice. Como una foto en directo desde el móvil. Solo que del siglo XIX y a tamaño real. Gracias a las tecnologías digitales verás a un veterano de guerra holgazaneando en el malecón, a una niñera solícita, a una aristócrata presumida o, por ejemplo, a una monja fascinada por las velas.

Sala 3. ¿Estaba loco ese tipo? ¿Qué te llevaría a pasar 11 años enteros construyendo una maqueta de la ciudad? ¿Reproducir con detalle cada ventana, cada puerta y cada pequeño adorno de la fachada? ¿Nada? Vale. Antonín Langweil lo veía de otra manera y en 1826 empezó precisamente con eso. La maqueta ha sobrevivido hasta hoy, y al mirarla solo puedes asombrarte y preguntarte qué le rondaba por la cabeza durante esos años.

Sala 4. Charla con el señor Langweil. Aquí verás una película. Corta, no te preocupes. Trata de por qué el señor Langweil dedicó esos 11 años a un trabajo tan entretenido y apasionante. ¿Y lo mejor? Gracias a la inteligencia artificial, su retrato revivido te hablará.

Sala 5. Náufragos del presente. Imagina que, gracias a un invento, acabas en medio del Moldava y que, a tu alrededor, las dos orillas cambian con el tiempo (el espacio, en cambio, se mantiene). ¿Cómo eran Holešovice, Vyšehrad o Smíchov en el siglo XIX? ¿Y en el XX? Lo verás. Lo agradable es que, aunque estés en mitad del Moldava, podrás cruzarlo sin mojarte los pies. Así que puedes dejar las botas de agua en casa.

Una ciudad de papel y paciencia

La maqueta de Langweil es única en el mundo. Ocupa un total de 20 m² y está compuesta por más de 2000 objetos que asombran y fascinan a la vez por su precisión. Tardó once años en completarse. ¿Cuántos kilómetros recorrió por Praga, cuántas notas y bocetos hizo? ¿Y cuántos enfados cuando algo no salía bien? Bueno, da igual. Este es un modelo de la Praga del siglo XIX. La mitad de los edificios ya no existe y en su lugar hay algo completamente distinto. Pero el modelo es tan detallado que hoy lo siguen estudiando arquitectos y restauradores cuando reconstruyen edificios históricos. Todo parece un gran juguete en el que simplemente te quedas mirando mientras intentas encontrar lugares conocidos. No siempre los encontrarás, porque Praga ha cambiado mucho desde el siglo XIX. Sigue siendo una ciudad preciosa, pero esta ciudad de papel de 200 años también es muy chula.

Preguntas y respuestas

Las consultas más frecuentes de los visitantes sobre el edificio principal y su exposición. Resumimos de forma clara la información que te ayudará a prepararte mejor para tu visita y a disfrutarla sin incertidumbres innecesarias.

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— Museum of Prague

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