HERBERT BOECKL – HANS JOSEPHSOHN

Abre en 6 días

La pregunta sobre la jerarquía de las artes, planteada con creciente frecuencia desde el Renacimiento italiano y que, entre otras cosas, alimentó la competencia entre la pintura y la escultura, llegó a su fin con el comienzo de la Modernidad. En esta exposición, donde la obra de un escultor se encuentra con la de un pintor, no se trata de un intento de revivir teóricamente el debate del paragone, sino de un diálogo entre dos personalidades artísticas que, a pesar de todas las diferencias en las construcciones históricas, espaciales y culturales, presentan sorprendentes analogías tanto en lo estético-formal como en lo fenomenológico de la obra. Esta confrontación entre Herbert Boeckl (1894–1966) y Hans Josephsohn (1920–2012), quienes nunca se conocieron en vida, sin embargo, aclara paralelismos fundamentales en su concepción de la corporalidad, la materialidad y el proceso de búsqueda de la forma.

Ni Boeckl ni Josephsohn –a pesar de la creciente aparición del arte abstracto desde los años 50– tomaron el camino de la abstracción. Se mantuvieron fieles a la representación de objetos y, en particular, a la figura humana como medio de expresión artística. Aunque ambos practicaron un fuerte proceso de abstracción en su representación de cuerpos humanos y a menudo renunciaron a detalles anatómicos en sus obras pictóricas: Ambos se esforzaron por destacar lo esencial mediante una simplificación radical y una densificación masiva. Esto hace que muchas de sus figuras parezcan desindividualizadas y estilizadas, y presenta una forma universal de lo humano. A pesar o precisamente debido a esta reducción, que transforma a los «retratados» en pura forma, sus figuras se caracterizan por una fuerte fuerza expresiva. Este efecto áurico específico es evocado por la simplicidad expresiva, la reducción formal y, no menos importante, por una impresionante presencia material. El interés en la fisicidad del material representa otra correspondencia entre los dos artistas. Mientras Boeckl en su pintura aplica la pintura de forma gruesa y casi escultórica o en relieve, Josephsohn trabaja de manera comparable aditiva en sus modelados de yeso y las fundiciones resultantes.

Precisamente porque ambos artistas ignoran las modas y tendencias y sofocan en ciernes los intentos de representación ilustrativa, la intemporalidad y un lenguaje formal universal y elemental, incluso arcaico, desempeñan un papel dominante, por ejemplo en las figuras estelares de Josephsohn, así como en sus cabezas y medias figuras, que aparecen como monolitos intemporales. En Boeckl, a su vez, son las representaciones monumentales de figuras y paisajes las que expresan un efecto intemporal. Otra coincidencia de características formales radica en la procesualidad de su creación: En ambos artistas, el proceso de creación es discernible. En Boeckl son las pinceladas deliberadamente visibles de manera expresiva y el sedimento de las capas de color, en Josephsohn aquellas huellas de la aplicación y remoción del yeso con las manos, que se transfieren a las fundiciones. El interés en las superficies fisuradas y marcadas en los medios de la pintura y la escultura es expresado de manera impresionante por ambos protagonistas.

Por último, la yuxtaposición de Herbert Boeckl – Hans Josephsohn planteará preguntas sobre la existencialidad en el sentido de una confrontación universal con la existencia humana y abrirá nuevos espacios de asociación.

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Leopold Museum