Caer en uno mismo
Cuando se menciona el nombre de Patrícia Koyšová, la mayoría de nosotros pensamos en pinturas abstractas cultivadas, pero poco convencionales, creadas con compresor y aerógrafo. En medio de la avalancha de pintores abstractos globales y eslovacos, ella logró construir su propio e inconfundible lenguaje artístico. Un lenguaje que ha ganado muchos adeptos, incluido el autor de estas líneas. Recientemente, bajo la influencia de diversos cambios vitales, comenzó a experimentar dudas, esperanzas, alegría y tensión de una manera diferente, que surge al buscar la verdad en el arte y en sí misma. Las herramientas que había utilizado hasta entonces ya no eran suficientes para expresar estas emociones, así que recurrió a las cuerdas. Las sumergió en pintura y con ellas creó lienzos de gran formato. Las balanceó y golpeó el lienzo, a veces con tanta intensidad que las cuerdas golpearon dolorosamente su propio cuerpo. Cuerdas gruesas tejidas con muchas fibras más pequeñas parecían simbolizar la complejidad de los destinos humanos. Me sorprendió la riqueza de las estructuras que se crearon de esta manera. No eran solo las distintivas huellas de las cuerdas, sino los espacios vacíos escondidos en un solo trazo, diminutas gotas de pintura que salían volando de la cuerda antes de que tocara el lienzo, extraños cúmulos abstractos y, sobre todo, la energía del acto de creación en sí. Esta forma de crear conlleva naturalmente elementos de arte de acción. Es una forma de exponer completamente el yo interior. Y exhibir tales obras al público requiere un gran coraje. No sé si Patrícia Koyšová continuará por este camino o si intentará conectarlo con su trabajo anterior, lo que sería igualmente interesante. Sin embargo, estoy seguro de que esta experiencia quedará grabada en su memoria para siempre. Y con ella, la huella que dejó en sus lienzos, quizás la más personal de toda su obra hasta la fecha.
¡Ecce homo! ¡Ecce artista!

Caída libre
Patrícia Koyšová · Por Ivan Jančár
Abre en 4 días





