Un Papa transformado en el Anticristo, un monarca que aparece como un vencedor de la historia antigua, un líder militar celebrado como un salvador de la fe, un enemigo representado como un monstruo cruel. La Edad Moderna temprana creó un conjunto notablemente eficaz de imágenes, historias y símbolos cuyo propósito no era solo informar. Estaban destinados a ganar seguidores, solidificar la obediencia, justificar la guerra y convencer a la audiencia de que la interpretación presentada de la sociedad y del mundo era la correcta.
La palabra propaganda hoy en día suele evocar la idea de mentiras, manipulación y regímenes totalitarios. Sin embargo, su origen es menos ominoso. Proviene del latín propagare, que significa difundir o multiplicar, y la historia moderna de este término está asociada con la Congregación papal para la Propagación de la Fe (Sacra Congregatio de Propaganda Fide) fundada en 1622.
Adquirió un significado negativo mucho más tarde. Si queremos entender la Edad Moderna temprana, debemos, por lo tanto, dejar de lado por un momento la experiencia del siglo XX. La propaganda no tiene por qué ser falsa. Su esencia reside más bien en la intención: selecciona hechos, les da un cierto significado e intenta influir en las actitudes y acciones del público. Un informe sobre una batalla victoriosa podía incluir datos verídicos, y aun así ocultar las propias pérdidas, enfatizar el favor divino y presentar al monarca como el único protector del país. El oponente, entonces, interpretó el mismo evento de manera bastante diferente. La propaganda no ofrecía el mundo para una evaluación imparcial; llevaba al espectador a la conclusión deseada.
Los visitantes verán cómo la imagen, la palabra y el espectáculo festivo –desde libros, grabados y pinturas hasta celebraciones teatrales– se transformaron en medios efectivos de persuasión. La exposición no solo narra la historia de lo que la gente vio en el pasado, sino también por qué se les hizo verlo precisamente de esa manera. En cada obra podemos preguntar: ¿quién la creó y la pagó, a quién estaba destinada, qué emociones debía evocar, qué enfatiza y qué oculta? Estas preguntas devuelven a las imágenes su urgencia original. Muestran que un retrato, una medalla, un folleto, una procesión ceremonial, una representación teatral o fuegos artificiales no eran un mero adorno de la historia política. Ayudaron a moldear la historia.

Propaganda. El Teatro del Poder en la Edad Moderna Temprana
26 nov 2026 – 14 feb 2027





